República de Chile, año doscientos PDF Imprimir E-mail
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Crónica de Leonardo Jiménez

República de Chile, año doscientos  (1/3)
( Hasta la traición de Til-Til)

lautaroI.) Antes de contar el tiempo a la manera cristiana, el Chile a venir estaba poblado por indios sanos, casi piluchos (1), sobre bosques y praderas que no les habían aun “expropiado” con el caballo y las dos cruces, la de Cristo y la de la espada. En la inmensidad de estas “tierras de hombres”, un anuncio del destino parecía insinuar antes de la hora epopeyas revolucionarias, pues casi todas las tribus terminaban su nombre por “Che”: picunche, huilliche, pehuenche, tehuelche, mapuche, puelche.

Confirmando a los místicos para quienes “en este mundo somos todos extranjeros”, los mapuches también vinieron de otra parte. Uno o dos siglos antes de la llegada de los españoles dejaron su pampa –mas tarde argentina- y atravesaron la cordillera, instalándose en suelos del futuro Chile. (Siglos después el mismo desplazamiento harían San Martín y los exiliados chilenos, en el Ejercito Libertador, y el “loco” Bielsa, con su fama de estratega del rectángulo verde).

Aún mas, la tierra se llamó Chile por casualidad denunciando el origen de unos intrusos, los mitimaes (2) venidos del valle del río Chile, cerca de Arequipa, a fines del XV, para instalarse en el valle de Quillota, ocupando terreno y extendiendo el imperio del Inca Huayna Cápac.

II.) Diego de Almagro, que era chico, feo y tuerto, por el amor de su hijo se improvisó descubridor en julio de 1535 y se lanzó en su “aventura chilena” a la búsqueda de otro Perú. El pobre no pudo copiar la formula ilustre de Julio César, “veni, vidi, vici”, porque no había oro ni plata para justificarlo. Entonces agarró el tren de vuelta –una anticipación del “Longino” (3)-, atravesó el desierto de Atacama y cruzó el Rimac, para perderse y morir por la espada en las intrigas sangrientas de los conquistadores, en el Virreinato del Perú.

El fruto mas importante de la expedición de Almagro fue Valparaíso. En septiembre de 1536, los Changos, indios de mar pacíficos como el océano, ya habían descubierto las bellezas y la generosidad del Valle de Quintil. Ni siquiera imaginaban la llegada del despistado Juan de Saavedra que bautizó  la ensenada con el nombre de su aldea andaluza, Valparaíso. El lugar fue, mas tarde, tan importante y nombrado que la gente comenzó a subirse hasta en los cerros.

III.) Pedro de Valdivia, mas frívolo y perseverante, reunió un nuevo grupo de  150 aventureros y, asegurándose los medios para continuar “la dieta del pollo con pan” (4), integró Inés de Suárez, su amante, a la expedición. Ese montón de gente tomó desde el Cuzco los caminos del “sure”, en comienzos del año 1540.

Ebrio de fanatismo religioso, a los pies del cerro Huelén, el conquistador extremeño dio rienda suelta a su devoción santificando cerros y valles. Aparecieron el Santa Lucia, el San Cristóbal y también Santiago; solo el río Mapocho sobrevivió al naufragio de la identidad pre-valdiviana.

Sobre la geometría de un pubis, Pedro de Valdivia fundó Santiago el 12 de febrero  de 1541, sin saber entonces que lo tendríamos de bronce, por “secula seculorum”, en la Plaza de Armas, montado sobre un caballo del cual cuelgan prominentes atributos. Su carrera se paró brutalmente en la batalla de Tucapel, en 1553. Los guerreros mapuches dieron a su calavera un uso doméstico y alargaban el festejo de su muerte bebiendo en ella.

Entre la masa de analfabetos que eran los conquistadores, se coló una perla rara, en 1557: Alonso de Ercilla y Zúñiga, letrado formado por la lectura de Homero y Virgilio. Al medio de la refriega con los mapuches, indios de pocos cálculos y de malísimas pulgas, de Ercilla se dijo “Esta es la mía”. Por un enredo llamó “araucanos” a los mapuches y el poema épico “La Araucana” se liberó a los cuatro vientos; corrían los años 1557 - 1559.

Siglos después en las escuelas, el arte de su pluma fue un tranquilo cauce de riego espiritual. Fresia atacaba a “guaguazo” su valeroso Caupolicán, Lautaro, lúcido y guerrero, enredaba a los españoles en sus propias astucias, el terrible Galvarino moriría sin haber encontrado nunca al miedo. Y a nosotros nos emborracharían la perdiz con el célebre: “Chile, fértil provincia y señalada,/ en la región antártica famosa,/ de remotas naciones respetadas,/ etc. etc.”

Los futuros ideólogos patrioteros aclamarían mas tarde este pueblo como la base de “nuestra raza”. Pero al mismo momento lo despojarían, le robarían y asesinarían sus niños y su juventud, construyéndose para ellos mismos una cristiana felicidad. (Se preparaban ya el kultrún y las lágrimas de Violeta Parra perceptibles en “Arauco tiene una pena”).

La conquista fue un asunto tremendo. La prueba yace en la historia: los conquistadores eran mas salvajes que cualquier otro salvaje porque Dios estaba con ellos y el oro no.

El conquistador trajo consigo una arma de otro mundo: el caballo, poderoso e impresionante aún sin verlo galopar. Pero acarreó también “bicharracos” invisibles, verdaderas armas de destrucción masiva, en la primera guerra bacteriológica provocada  por el hombre blanco. Estamos hablando de los gérmenes de enfermedades europeas (la gripe, la viruela, la influenza y otros mas), contra los cuales las poblaciones precolombinas no tenían defensa alguna en el organismo.

Los colonos engordaban en la fidelidad de Dios, España y su rey. Se alimentaban de la sed de riqueza y de los pocos escrúpulos que hacían de la esclavitud un negocio próspero y respetablemente cristiano. Mientras tantos los oriundos se dormían, a veces borrachos, y morían en cementerios a cielo abierto.

En el crecimiento de la colonia, sus clases se decantaban. Estaba la aristocracia vasca y castellana, la prole esencialmente andaluza y los otros, que a fuerza de venir de todas partes, no venían de ningún lado.

IV.) 1808 - 1810: Se necesitaron varias generaciones y la voracidad de Napoleón para entreabrir a las jóvenes naciones hispanoamericanas las puertas de la independencia.

til-tilEn Latino e Hispanoamérica nunca hemos estado solos y nuestra historia se ha nutrido a menudo con la historia de las naciones hermanas. Véase como se tapizaba entonces el camino a la independencia, en la creación de Juntas de gobierno: el 21.09.1808, en Montevideo; el 19.04.1809, en Caracas; el 25.05.1809, en Chuquisaca (Alto Perú); el 10.08.1809, en Quito; el 25.05.1810, en Buenos Aires; el 20.07.1810, en Nueva Granada. Y, en Méjico, dos días antes de la fecha emblemática chilena, en el pueblecito de Dolores, actual estado de Guanajuato, inconcientemente el cura Hidalgo abrió las compuertas a un movimiento que España ni nadie podría parar, por larga que fuera la lucha y carísimo el costo en vidas; es la proclama de rebelión popular que la historia retuvo con la apelación agraciada de: “El grito de Dolores”.

18 de septiembre de 1810, en Santiago de Chile: el cabildo nombra la primera junta nacional de gobierno, compuesta de nueve notables y presidida por Mateo de Toro y Zambrano.

Ya a la época estaban presente las dos corrientes de opinión que activarían el mecanismo de la historia. De un lado los rebeldes aspirando a la libertad, del otro “los servidores”, sujetos de la corona cuyo objetivo era preservar los intereses del colonizador, esperando la caída del poder bonapartista, en España, sin esconder siquiera el oscuro anhelo que todo volviera a ser como antes.

De 1811 a 1814, se extiende el período de “la Patria Vieja” durante el cual José Miguel Carrera irrumpió en la historia de Chile, como en un corcel, con su juventud y la audacia temeraria que será su virtud y su defecto.

De su presidencia (1812-1813) asoman verdaderos actos fundadores del país: la liberación de los hijos de esclavos y el rechazo de toda nueva entrada de esclavos en Chile; las creaciones del primer periódico, del Instituto Nacional y de la Biblioteca Nacional; instaura las primeras escuelas públicas, la libertad del comercio; crea los primeros símbolos de la nación: bandera y escudo.

V.) Napoleón “prisionero en sus islas” y Europa en un nuevo equilibrio, la monarquía española volvió al ataque, en América, con tropas nuevas, frescas y numerosas.

Las tropas realistas desembarcaron en Concepción, el 31 de marzo de 1813, bajo el mando de Antonio  Parejas. “La Patria Vieja” no estaba madura para soportar semejante choque y se dislocó en el Desastre de Rancagua (1º y 2 de octubre de 1814). La reconquista española comenzó en Chile un periodo de revancha, de cruel opresión.

Los patriotas se adaptaron a la nueva realidad. Hubo los exilados del otro lado de la cordillera, donde se forjaría una parte de nuestra libertad. Hubo los que seguían el combate en el suelo patrio. Hubo sobretodo el guerrillero de Chile que no dejó derrumbarse la esperanza, gritando en el momento mas sombrío: “Aún tenemos patria, ciudadanos”.

Manuel Rodríguez, el ingenioso guerrillero, prestó servicios inestimables a la independencia, sirviendo de enlace entre la realidad chilena y el Ejercito Libertador detrás de la cordillera. Su paso era ya un soplo de libertad: lo escucharon como el viento y como el viento no se le veía pasar. Organizó montoneras, sublevó pueblos enteros justificando cien veces más el precio que el invasor puso a su cabeza.

VI.) El 12 de febrero de 1817, el triunfo del Ejercito Libertador de los Andes, en la batalla de Chacabuco, pone fin al capítulo negro y terrible de “La Restauración”. Esto se selló simbólicamente en el triunfo de Maipú, el 5 de abril de 1818, con el abrazo entre José de San Martín y B. O’Higgins cuyo brazo en cabestrillo era el recuerdo de la batalla de Cancha  Rayada.

Entre dos realidades tan contradictorias se abrieron abismos miserables en la historia de Chile. Allí parecen esconderse los asesinatos de los hermanos Carrera: primero Juan José y Luis, para culminar luego con José Miguel. En aquella época, ninguna familia pagó tan alto precio por la libertad de Chile como los Carrera. La vida se hizo drama y persecución arrastrando esas manchas de nuestra historia hasta el último acto de las tragedias griegas, allí donde solo el grito de horror concluye la pieza.

El 26 de mayo de 1818, cuando el “Abrazo de Maipú” estaba aún tibiecito, llegaron noticias de Til-Til: “Señora dicen que donde / Mi madre dice dijeron / el agua y el viento dicen: …mataron al guerrillero…, su espalda está sangrando sobre el camino…” (5).  Los asesinos hicieron los mismos cálculos que Poncio Pilato; Manuel Rodríguez tenía justo 33 años. Ellos se lavaron las manos y la “Historia oficial” se las sigue jabonando.

Leonardo Jiménez
Ginebra, 12 de agosto de 2010

1) Pilucho: desnudo

2)  Mitimaes : colonos instalados por el Inca en las tierras conquistadas, eran por lo esencial agricultores.

3)  Longino : apodo del “Tren Longitudinal Norte” que unía Iquique y La Calera, famoso por su trayecto de 1880 km. y sus atrasos regulares e inmensos.

4)  “La dieta del pollo con pan”, según la picardía popular se define así: “tuto p’allá, tuto p’acá y pan, pan” (tuto= pernil … del pollo)

5) Versos de la “Tonada a Manuel Rodríguez”, letra de Pablo Neruda y música de Vicente Bianchi.

 

 

Última actualización el Viernes, 13 de Agosto de 2010 20:08